El documental me hizo pensar en cómo las redes manipulan nuestra atención, y en cómo eso ha cambiado mi forma de crear y de mirar el arte. Muchas veces siento que mi trabajo depende de cómo lo reciben los demás, de cuántos “me gusta” tiene, y no tanto de lo que realmente quiero expresar. Me asusta pensar que poco a poco esa validación externa puede ir moldeando lo que hago, quitándole autenticidad a mi proceso. A veces, mientras pinto, me llega el impulso de grabar o tomar fotos para subirlas, y en ese momento me doy cuenta de lo difícil que es estar presente sin querer compartirlo todo.
Siento que las redes sociales me ayudan, pero también me roban tiempo, atención y a veces incluso inspiración. Ser artista en esta época digital es una lucha constante entre querer mostrar lo que hago y no dejar que eso defina quién soy o lo que creo. Quisiera recuperar esa calma que siento cuando estoy lejos del celular, cuando solo existen mis manos, el color y el silencio. Esa es la parte de mí que más temo perder: la que crea sin pensar en ser vista, la que simplemente siente y hace arte.
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